En cuanto a su oficio real, Cristo, siendo resucitado de los muertos y ascendido al cielo, y teniendo todo el poder en el cielo y en la tierra, ha gobernado espiritualmente a su iglesia y ejerce poder sobre todos, ángeles y hombres, buenos y malos, para la preservación y la salvación de los elegidos, para dominio y destrucción de Sus enemigos. Por este poder real ha aplicado los beneficio, las virtudes y los frutos de su profecía y sacerdocio a sus elegidos, subordenando los pecados de ellos, preservando y empoderándoles en todos sus conflictos contra Satanás, contra el mundo y contra la carne. El guarda sus corazones en la fe y en el miedo filial por su Espíritu. Por este, su gran poder, ha reinando sobre los vasos de deshonra, usándolos, limitándolos y restringiéndolos, como le parece bien a su sabiduría infinita.
1 Cor.15:4; 1 Ped.3:21,22; Mat.28:18,19; Luc.24:51; Hch.1:1; 5:30,31; Jn.19:36; Rom.14:9; Jn.5:26,27; Rom 5:6-8; 14:17; Gén.5:22,23; Mar.1:27; Heb.1:14; Jn.16:15; Job 2:8; Rom.1:21 (9:17-18); Efe.4:17,18; 2 Ped.2.