Era imprescindible que Él fuera Dios y hombre para poder ser un profeta en todo sentido de la palabra, porque si no fuera Dios entonces no podría comprender perfectamente la voluntad de Dios; y si no fuera hecho hombre, no hubiera podido desplegar la voluntad de Dios a los hombres en su propia persona.

Juan 1:18; Hech.3:22; Deut.18:15; Heb.1:1.

NOTA

Que Cristo es Dios está expresado explícitamente en las Escrituras: Es llamado el Dios Todopoderoso (Isa.9:6). Que el Verbo era Dios (Juan 1:1). Cristo, quien es Dios que reina sobre todo (Rom.9:5). Dios manifestado en la carne (1a Tim. 3:16). Es el mismo Dios (1a Jn.5:20). Es el primero (Apoc.1:8). Da existencia a todas las cosas, y sin Él nada fue hecho (Jn.1:2). Perdona el pecado (Mat.9:6). Era antes de Abraham (Jn.8:58). Era y es y para siempre será el mismo (Heb.13:8). Siempre está con los suyos hasta el fin del mundo (Mat.28:20). Y todo esto no podría decirse de Cristo si Él no fuera Dios. Y al hijo el padre ha dicho que su trono está establecida para siempre jamás (Heb.1:8; Jn.1:18).

Cristo no es únicamente perfecto Dios, sino también perfecto hombre, hecho de mujer (Gál.4:4): Hecho de la semilla de David (Rom.1:3). Vino de los lomos de David (Hch.2:30). Así como los hijos eran participantes de carne y sangre, Él también tomó parte con ellos (Heb.2:14). No tomó la naturaleza de los ángeles, sino la semilla de Abraham (vs.16). Así somos hueso de su hueso y carne de su carne (Efe.5:30). Y Él que santifica y los que son santificados son uno (Heb.2:11; vea también Hch.3:22; Deut.18:15; Heb.1:1).