Afirmamos que la gracia de Dios en Cristo permite a los pecadores abandonar el autoconcepto transgénero y, por paciencia divina, aceptar el vínculo ordenado por Dios entre el sexo biológico de la persona y su autoconcepto como hombre o mujer.
Negamos que la gracia de Dios en Cristo autorice autoconceptos que no concuerden con la voluntad revelada de Dios.