Afirmamos que la gracia de Dios en Cristo concede perdón misericordioso así como poder transformador, y que este perdón y poder le permiten a un seguidor de Jesús dar muerte a sus deseos pecaminosos y andar de una manera digna del Señor.
Negamos que la gracia de Dios en Cristo sea insuficiente para perdonar todos los pecados sexuales y para dar poder para la santidad a cada creyente que se sienta atraído hacia el pecado sexual.