La autoridad de la Escritura es un asunto crucial para la iglesia cristiana tanto en esta época como en cualquier otra. Aquellos que profesan su fe en Jesucristo como Señor y Salvador están llamados a demostrar la realidad del discipulado obedeciendo humilde y fielmente la Palabra escrita de Dios. El apartarse de la Escritura en lo que se refiere a fe o conducta es una deslealtad a nuestro Señor. El reconocimiento de la verdad total y de la confiabilidad de las Santas Escrituras es esencial para la plena comprensión y adecuada confesión de su autoridad.
La siguiente Declaración afirma esta inerrancia de la Escritura con nueva luz, poniendo en claro cómo la entendemos y advirtiendo sobre su negación. Estamos convencidos de que negarla significa dejar de lado el testimonio de Jesucristo y del Espíritu Santo, y rehusar aquella sumisión a las aseveraciones de la Palabra de Dios mismo que es distintiva de la verdadera fe cristiana.
Consideramos que es nuestro deber oportuno hacer esta declaración, en vista del actual abandono de la verdad de la inerrancia entre nuestros hermanos cristianos, y de los malentendidos sobre esta doctrina en el mundo en general.
Ofrecemos la presente declaración no en un espíritu de controversia, sino de humildad y amor, espíritu que, por la gracia de Dios, nos proponemos mantener en cualquier futuro diálogo que surja de lo que hemos dicho. Reconocemos con agrado que muchos de los que niegan la inerrancia de la Escritura no exhiben las consecuencias de esa negación en sus demás creencias y en su conducta, y estamos conscientes de que quienes confesamos esta doctrina a menudo la negamos en la vida cuando no llevamos nuestros pensamientos y actos, nuestras tradiciones y hábitos, a una verdadera sujeción a la Palabra divina.