Afirmamos que la inspiración fue la obra en que Dios, por su Espíritu, a través de escritores humanos, nos dio su Palabra. El origen de la Escritura es divino. El modo en que se realiza la inspiración divina sigue siendo, en gran medida, un misterio para nosotros.
Negamos que la inspiración pueda reducirse a una percepción humana, a elevados estados de conciencia de algún tipo.