Afirmamos que la interpretación que la Biblia hace de sí misma es siempre correcta, nunca se aparta del significado único del texto inspirado, sino que lo esclarece. El significado único de las palabras de un profeta incluye, pero no se limita a, la comprensión que el profeta tenía de esas palabras, y necesariamente involucra la intención de Dios evidenciada en el cumplimiento de esas palabras.

Negamos que los escritores de la Escritura siempre comprendieran todas las implicaciones de sus propias palabras.