Afirmamos que las personas que experimentan atracción sexual por el mismo sexo pueden vivir una vida rica y fructífera que agrade a Dios mediante la fe en Jesucristo, en tanto que, como todos los cristianos, lleven una vida de pureza.

Negamos que la atracción sexual por el mismo sexo sea parte de la bondad natural de la creación original de Dios, o que excluya a una persona de la esperanza del evangelio.