Afirmamos que Dios, quien creó a la humanidad a su imagen, ha utilizado el lenguaje como medio de revelación.
Negamos que el lenguaje humano esté tan limitado por nuestra condición de criaturas que resulte inadecuado para ser vehículo de la revelación divina. Negamos, además, que la corrupción de la cultura y el lenguaje humanos a causa del pecado haya malogrado la obra de inspiración de Dios.