Afirmamos que una confesión de la plena autoridad, infalibilidad e inerrancia de la Escritura es vital para una sólida comprensión de la totalidad de la fe cristiana. Afirmamos, además, que tal confesión debería conducir a una creciente conformidad con la imagen de Cristo.
Negamos que tal confesión sea necesaria para la salvación. Sin embargo, negamos también que la inerrancia pueda rechazarse sin que haya graves consecuencias tanto para la persona como para la iglesia.