Afirmamos que la Escritura, al haber sido dada por inspiración divina, es infalible, así que, lejos de desorientarnos, es veraz y confiable en todos los asuntos que aborda.

Negamos que sea posible que la Biblia al mismo tiempo sea infalible y yerre en sus afirmaciones. Es posible distinguir entre infalibilidad e inerrancia, pero no separarlas.