La Cumbre I del Concilio Internacional sobre la Inerrancia Bíblica tuvo lugar en Chicago del 26 al 28 de octubre de 1978, con el propósito de reafirmar la doctrina de la inerrancia de la Escritura, aclarar su comprensión y advertir contra su negación. En los siete años transcurridos desde la Cumbre I, Dios ha bendecido ese esfuerzo de maneras que superan la mayoría de las expectativas. Una gratificante cantidad de literatura útil sobre la doctrina de la inerrancia, así como un compromiso creciente con su valor, dan motivo para elevar alabanza a nuestro gran Dios.
La labor de la Cumbre I apenas se había completado cuando se hizo evidente que había otra tarea importante por abordar. Si bien reconocemos que la creencia en la inerrancia de la Escritura es básica para mantener su autoridad, los valores de ese compromiso son tan reales como la comprensión que se tenga del significado de la Escritura. De ahí la necesidad de la Cumbre II. Durante dos años se hicieron planes y se escribieron ponencias sobre temas relacionados con los principios y prácticas hermenéuticas. La culminación de este esfuerzo fue una reunión en Chicago del 10 al 13 de noviembre de 1982, en la cual nosotros, los abajo firmantes, participamos.
De manera similar a la Declaración de Chicago de 1978, presentamos aquí estas afirmaciones y negaciones como expresión de los resultados de nuestra labor para aclarar los temas y principios hermenéuticos. No pretendemos exhaustividad ni un tratamiento sistemático de todo el tema, pero estas afirmaciones y negaciones representan un consenso de los aproximadamente cien participantes y observadores reunidos en esta conferencia. Ha sido una experiencia enriquecedora participar en este diálogo, y es nuestra oración que Dios use el producto de nuestra diligente labor para capacitarnos, a nosotros y a otros, a manejar con mayor corrección la palabra de verdad (2 Ti. 2:15).