Afirmamos que cualquier comprensión previa que el intérprete traiga a la Escritura debe estar en armonía con la enseñanza de la Escritura y sujeta a corrección por parte de ella.
Negamos que deba exigirse que la Escritura encaje en comprensiones previas ajenas, inconsistentes consigo misma, tales como el naturalismo, el evolucionismo, el cientificismo, el humanismo secular y el relativismo.