Afirmamos que en la tarea de traducir la Biblia y enseñarla en el contexto de cada cultura, solo deben emplearse aquellos equivalentes funcionales que sean fieles al contenido de la enseñanza bíblica.
Negamos la legitimidad de métodos que sean insensibles a las exigencias de la comunicación transcultural o que distorsionen el significado bíblico en el proceso.