
Que yo evite y huya de toda idolatría, hechicería, adivinación, superstición e invocación de santos o de cualquier otra criatura tan sinceramente como deseo la salvación de mi propia alma, y que aprenda a conocer correctamente al único Dios verdadero y a confiar solo en Él. También, que aprenda a someterme a Él con humildad y paciencia; a esperar que Él solamente me dé todas las cosas buenas, y a amarlo, temerlo y glorificarlo con todo mi corazón, de manera que prefiera renunciar y darle la espalda a todas las criaturas antes que hacer cualquier cosa, por pequeña que sea, contraria a Su voluntad.