banner

La Cena del Señor nos da testimonio de que tenemos el completo perdón de todos los pecados por el sacrificio único de Jesucristo, que Él mismo realizó una sola vez en la cruz; también nos testifica que, por el Espíritu Santo, somos injertados en Cristo, quien, en lo que respecta a Su naturaleza humana, no está ahora en la tierra, sino en el cielo a la diestra de Dios Su Padre, donde desea que lo adoremos. Por el contrario, la misa enseña que los vivos y los muertos no tienen el perdón de los pecados por los sufrimientos de Cristo a no ser que Él sea ofrecido a favor de ellos cada día por los sacerdotes. También enseña que Cristo está corporalmente presente en forma de pan y vino, y que, por lo tanto, debe ser adorado en ellos. De esta manera, la misa, en el fondo, no es más que la negación del sacrificio y los sufrimientos únicos de Jesucristo, y constituye una idolatría maldita.