
De ninguna manera, más así como en el Bautismo el agua no se convierte en la sangre de Cristo ni es el lavamiento mismo de los pecados, sino solo la señal y confirmación de esto instituida por Dios, tampoco el pan de la Cena del Señor se transforma en el verdadero cuerpo de Cristo, aunque debido a la naturaleza y las propiedades de los sacramentos sea llamado el cuerpo de Cristo.