banner

No es solo abrazar con un corazón creyente todos los sufrimientos y la muerte de Cristo, y obtener así el perdón de los pecados y la vida eterna, sino que, además de eso, es unirse más y más a Su santo cuerpo por el Espíritu Santo, que habita tanto en Cristo como en nosotros; de modo que, aunque Cristo esté en el cielo y nosotros en la tierra, seamos “hueso de Sus huesos y carne de Su carne”, vivificados y gobernados por siempre por un Espíritu, así como los miembros de un mismo cuerpo son gobernados por un alma.