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Sí, pues ellos —al igual que los adultos— están incluidos en el pacto y en la Iglesia de Dios, y a ellos —al igual que a los adultos— se les prometen, por la sangre de Cristo, la redención del pecado y el Espíritu Santo, que es el Autor de la fe. Por lo tanto, los infantes deben ser admitidos en la Iglesia cristiana y distinguidos de los hijos de los incrédulos a través del Bautismo como señal del pacto, así como se hacía en el Antiguo Testamento mediante la circuncisión, que es reemplazada por la institución del Bautismo en el nuevo pacto.