
En la institución del Bautismo, que se expresa de esta manera: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”; “El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado”. Esta promesa también se repite en los pasajes en que la Escritura llama al Bautismo el lavamiento de la regeneración y el lavamiento de los pecados.