banner

Solo por medio de la fe verdadera en Jesucristo. De modo que aunque mi conciencia me acuse de haber transgredido terriblemente todos los mandamientos de Dios, de no haber guardado ninguno de ellos y de seguir estando inclinado a todo mal, aún así Dios —sin ningún mérito de mi parte, sino por pura gracia— me concede y me imputa la perfecta satisfacción, justicia y santidad de Cristo como si yo nunca hubiera tenido ni cometido pecado alguno, e incluso como si hubiera cumplido perfectamente con toda la obediencia que Cristo ha logrado por mí, siempre y cuando yo tan solo reciba este beneficio con un corazón creyente.