
Que el Hijo de Dios, desde el principio hasta el fin del mundo, reúne, defiende y preserva para vida eterna en Sí mismo, mediante Su Espíritu y Su Palabra, a una comunidad elegida en la unidad de la fe verdadera. Creo también que yo soy un miembro vivo de la misma y seguiré siéndolo por siempre.