
Porque Él —no con oro o plata, sino con Su preciosa sangre— nos ha redimido en cuerpo y alma de todos nuestros pecados, y nos ha librado de todo el poder del diablo para hacernos Su propia posesión.

Porque Él —no con oro o plata, sino con Su preciosa sangre— nos ha redimido en cuerpo y alma de todos nuestros pecados, y nos ha librado de todo el poder del diablo para hacernos Su propia posesión.