
“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”; es decir, ya que somos tan débiles en nosotros mismos que no podemos permanecer en pie ni por un momento, y ya que nuestros enemigos mortales —el diablo, el mundo y nuestra propia carne— nunca dejan de asaltarnos, presérvanos Tú y fortalécenos Tú por el poder de Tu Santo Espíritu, para que no seamos vencidos en esta guerra espiritual, sino que resistamos a nuestros enemigos constante y tenazmente hasta que al fin obtengamos la victoria completa.