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“Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”; es decir, permite que nosotros y todos los hombres renunciemos a nuestra propia voluntad y sin murmuraciones obedezcamos la Tuya que es la única buena, para que, de esta forma, todos cumplamos los deberes propios de nuestra condición y llamamiento con tanto gusto y tanta fidelidad como lo hacen los ángeles en el cielo.