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“Santificado sea tu nombre”; es decir, concédenos, en primer lugar, que te conozcamos correctamente y que te santifiquemos, glorifiquemos y alabemos por todas Tus obras, en las cuales se manifiestan claramente Tu poder, sabiduría, bondad, justicia, misericordia y verdad. Además, permítenos ordenar y dirigir la totalidad de nuestras vidas —nuestros pensamientos, palabras y acciones— de manera que Tu Nombre nunca sea blasfemado por causa de nosotros, sino que sea honrado y alabado.