
Al prohibir el asesinato, Dios nos enseña que Él aborrece sus causas, entre las que están la envidia, el odio, el enojo y la sed de venganza. Nos enseña también que Él considera todas estas cosas como asesinato.

Al prohibir el asesinato, Dios nos enseña que Él aborrece sus causas, entre las que están la envidia, el odio, el enojo y la sed de venganza. Nos enseña también que Él considera todas estas cosas como asesinato.