
En primer lugar, que el ministerio de predicación del Evangelio y de la enseñanza sean mantenidos, y que yo, en especial en el día de reposo, asista diligentemente a la Iglesia de Dios para aprender Su Palabra, participar de los santos sacramentos, invocar públicamente al Señor y contribuir cristianamente para ayudar a los necesitados. En segundo lugar, que todos los días de mi vida repose de mis malas obras y deje al Señor obrar en mí a través de Su Espíritu Santo, y de este modo pueda empezar en esta vida el Reposo eterno.