Afirmamos que en la encarnación de Jesucristo, sus naturalezas divina y humana conservan sus propios atributos. Afirmamos que los atributos de ambas naturalezas pertenecen a la persona única de Jesucristo.1

Negamos que la naturaleza humana de Jesucristo tenga atributos divinos o pueda contener la naturaleza divina. Negamos que la naturaleza divina comunique atributos divinos a la naturaleza humana. Negamos que el Hijo dejara de lado o cediera alguno de sus atributos divinos en la encarnación.

Footnotes

  1. «Que haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, quien, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres» (Fil. 2:5–7). Ver también Mt. 9:10; 16:16; 19:28; Jn. 1:1; 11:27, 35; 20:28; Ro. 1:3–4; 9:5; Ef. 1:20–22; Col. 1:16–17; 2:9–10; 1 Ti. 3:16; Heb. 1:3, 8–9; 1 P. 3:18; 2 P. 1:1. ↩