Afirmamos que Jesucristo derramó su Espíritu el día de Pentecostés, y que en su actual sesión él está reinando sobre todas las cosas, intercediendo por su pueblo, y edificando su iglesia, de la cual él es la única cabeza.1

Negamos que Jesucristo designara al obispo de Roma como su vicario, o que alguna persona aparte de Jesucristo pueda ser la cabeza de la iglesia.

Footnotes

  1. «Dios sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio a la iglesia, como cabeza de todo» (Ef. 1:22). Ver también Hch. 2:33; 1 Co. 11:3–5; Ef. 4:15; 5:23; Col. 1:18. ↩