Afirmamos que Jesucristo derramó su Espíritu el día de Pentecostés, y que en su actual sesión él está reinando sobre todas las cosas, intercediendo por su pueblo, y edificando su iglesia, de la cual él es la única cabeza.1
Negamos que Jesucristo designara al obispo de Roma como su vicario, o que alguna persona aparte de Jesucristo pueda ser la cabeza de la iglesia.