Afirmamos que, en la cruz, Jesucristo se ofreció como una expiación sustitutiva penal por los pecados de su pueblo, propiciando la ira de Dios y satisfaciendo la justicia de Dios, y triunfó sobre el pecado, la muerte, y Satanás.1

Negamos que la muerte de Jesucristo fuera el pago de un rescate a Satanás. Negamos que la muerte de Jesucristo fuera un mero ejemplo, una mera victoria sobre Satanás, o la mera exhibición del gobierno moral de Dios.

Footnotes

  1. «A quien Dios puso como sacrificio de expiación por medio de la fe en su sangre. Esto lo hizo Dios para manifestar su justicia, pues en su paciencia ha pasado por alto los pecados pasados, para manifestar su justicia en este tiempo, a fin de que él sea el justo y, al mismo tiempo, el que justifica al que tiene fe en Jesús» (Ro. 3:25–26). Ver también Is. 53; Ro. 5:6, 8, 15; 6:10; 7:4; 8:34; 14:9, 15; 1 Co. 15:3; Ef. 5:2; 1 Ts. 5:10; 2 Ti. 2:11; Heb. 2:14, 17; 9:14–15; 10:14; 1 Pe. 2:24–25; 3:18; 1 Jn. 2:2; 3:8; 4:10. ↩