Afirmamos que el Jesucristo histórico, por el poder del Espíritu Santo, fue concebido milagrosamente y nació de la Virgen María. Afirmamos con el Credo de Calcedonia que a ella se le llama correctamente madre de Dios (theotokos) en el sentido de que el niño que ella dio a luz es el Hijo de Dios encarnado, la segunda persona de la Santa Trinidad.1
Negamos que Jesucristo recibiera su naturaleza divina de María o que su impecabilidad se derivara de ella.