Afirmamos que Jesucristo, en cuanto Rey, rige soberanamente sobre todos los poderes terrenales y sobrenaturales ahora y para siempre.1

Negamos que el reino de Jesucristo sea un mero reino político de este mundo. Negamos que los gobernadores terrenales no sean responsables ante él.

Footnotes

  1. «Porque es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies» (1 Co. 15:25). Ver también Sal. 110; Mt. 28:18–20; Lc. 1:32; 2:11; Hch. 1:16; 2:25, 29, 34; 4:25; 13:22, 34, 36; 15:16; Ro. 1:3; 4:6; 2 Ti. 2:8; Heb. 4:7; Ap. 3:7; 5:5; 22:16. ↩