Afirmamos que, como el supremo Profeta de Dios, Jesucristo fue tanto el sujeto como el objeto de la profecía. Afirmamos que Jesucristo reveló y proclamó la voluntad de Dios, profetizó sucesos futuros, y es en sí mismo el cumplimiento de las promesas de Dios.1
Negamos que Jesús haya pronunciado una profecía falsa o una palabra falsa, o que haya fallado o vaya a fallar en el cumplimiento de todas las profecías que conciernen a Él.
Footnotes
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«Hermanos, yo sé que tanto ustedes como sus gobernantes lo negaron por ignorancia, pero Dios cumplió de esta manera lo que ya había anunciado por medio de todos sus profetas, es decir, que su Cristo tenía que padecer. Por lo tanto, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, para que sus pecados les sean perdonados y Dios haga venir sobre ustedes tiempos de alivio y les envíe a Cristo Jesús, que ya les fue anunciado. Es necesario que el cielo reciba a Jesús hasta el momento en que todas las cosas sean restauradas, lo cual Dios ya ha anunciado desde los tiempos antiguos por medio de sus santos profetas. Porque Moisés dijo: “El Señor su Dios les levantará un profeta de entre sus hermanos, como me levantó a mí. Ustedes deben atender a todo lo que él les diga”» (Hch. 3:17–22). Ver también Mt. 20:17; 24:3; 26:31, 34, 64; Mr. 1:14–15; Lc. 4:18–19, 21; Jn. 13:36; 21:22; 1 Co. 1:20; Heb. 1:2; Ap. 19:10. ↩