Afirmamos que en la unidad de la Divinidad el Hijo eternamente engendrado es consubstancial (homoousios), igual y coeterno con el Padre y el Espíritu Santo.1

Negamos que el Hijo sea meramente como Dios (homoiousios) o que simplemente fuera adoptado por el Padre como su Hijo. Negamos la subordinación eterna del Hijo al Padre en la Trinidad ontológica.

Footnotes

  1. «Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mt. 28:19). Ver también Jn. 1:18; 3:16–18; 10:30; 20:28; 2 Co. 13:14; Ef. 2:18. ↩