Afirmamos la obediencia activa y pasiva de Jesucristo, que en su vida perfecta él cumplió cabalmente las justas exigencias de la ley en nuestro lugar, y que él sufrió el castigo de nuestro pecado mediante su muerte en la cruz.1

Negamos que en algún punto Jesucristo haya fallado en la obediencia o el cumplimiento de la ley de Dios. Negamos que él haya abolido la ley moral.

Footnotes

  1. «Porque así como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos» (Ro. 5:19). Ver también Mt. 3:15; Jn. 8:29; 2 Co. 5:21; Fil. 2:8; Heb. 5:8. ↩