I.10 — Amamos la misión de Dios

Estamos comprometidos con la misión mundial, porque es fundamental para nuestra comprensión de Dios, la Biblia, la Iglesia, la historia humana y el futuro último. La Biblia entera revela la misión de Dios de llevar todas las cosas en el cielo y en la tierra a la unidad bajo Cristo, reconciliándolas por medio de la sangre de su cruz. Al llevar a cabo su misión, Dios transformará la creación rota por el pecado y el mal en la nueva creación donde ya no habrá más pecado ni maldición. Dios cumplirá su promesa a Abraham de bendecir a todas las naciones de la tierra por medio del evangelio de Jesús, el Mesías, la simiente de Abraham. Dios transformará el mundo fracturado de naciones que están dispersas bajo el juicio de Dios en la nueva humanidad que será redimida por la sangre de Cristo de toda tribu, nación, pueblo y lengua, y será reunida para adorar a nuestro Dios y Salvador. Dios destruirá el reinado de la muerte, la corrupción y la violencia cuando Cristo vuelva para establecer su reino eterno de vida, justicia y paz. Entonces Dios, Emanuel, morará con nosotros, y el reino del mundo pasará a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo, y reinará por siempre jamás.1

A) Nuestra participación en la misión de Dios. Dios llama a su pueblo a compartir su misión. La Iglesia de todas las naciones es la continuidad, a través del Mesías Jesús, del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Con ellos, hemos sido llamados a través de Abraham y comisionados para ser una bendición y una luz a las naciones. Con ellos, debemos ser moldeados y enseñados por medio de la ley y los profetas para ser una comunidad de santidad, compasión y justicia en un mundo de pecado y sufrimiento. Hemos sido redimidos por medio de la cruz y la resurrección de Jesucristo, y hemos sido dotados de poder por el Espíritu Santo para dar testimonio de lo que Dios ha hecho en Cristo. La Iglesia existe para adorar y glorificar a Dios por toda la eternidad, y para participar en la misión transformadora de Dios dentro de la historia. Nuestra misión se deriva plenamente de la misión de Dios, está dirigida a toda la creación de Dios y tiene como centro y fundamento la victoria redentora de la cruz. Este es el pueblo al cual pertenecemos, cuya fe confesamos y cuya misión compartimos.

B) La integridad de nuestra misión. El origen de toda nuestra misión es lo que Dios ha hecho en Cristo para la redención de todo el mundo, según lo revela la Biblia. Nuestra tarea evangelística es hacer conocer esas buenas noticias a todas las naciones. El contexto de nuestra misión es el mundo en que vivimos, el mundo de pecado, sufrimiento, injusticia y desorden creacional, al cual Dios nos envía para amar y servir por la causa de Cristo. Por lo tanto, toda nuestra misión debe reflejar la integración de la evangelización y la participación comprometida en el mundo, ya que ambas son ordenadas e impulsadas por la revelación bíblica completa del evangelio de Dios.

C) «La evangelización es la proclamación misma del Cristo histórico y bíblico como Salvador y Señor, con el fin de persuadir a las gentes a venir a él personalmente y reconciliarse con Dios. […] Los resultados de la evangelización incluyen la obediencia a Cristo, la incorporación en su iglesia y el servicio responsable en el mundo. […] Afirmamos que la evangelización y la acción social y política son parte de nuestro deber cristiano. Ambas son expresiones necesarias de nuestra doctrina de Dios y del hombre, de nuestro amor al prójimo y de nuestra obediencia a Jesucristo. […] La salvación que decimos tener, debe transformarnos en la totalidad de nuestras responsabilidades, personales y sociales. La fe sin obras es muerta».2

«La misión integral o transformación holística es la proclamación y la demostración del evangelio. No es simplemente que la evangelización y el compromiso social tengan que llevarse a cabo juntos. Más bien, en la misión integral nuestra proclamación tiene consecuencias sociales cuando llamamos a la gente al arrepentimiento y al amor por los demás en todas las áreas de la vida. Y nuestro compromiso social tiene consecuencias para la evangelización cuando damos testimonio de la gracia transformadora de Jesucristo. Si hacemos caso omiso del mundo, traicionamos la palabra de Dios, la cual nos demanda que sirvamos al mundo. Si hacemos caso omiso de la palabra de Dios, no tenemos nada que ofrecerle al mundo».3

Nos comprometemos con el ejercicio integral y dinámico de todas las dimensiones de la misión a la cual Dios llama a su Iglesia.

  • Dios nos ordena hacer conocer a todas las naciones la verdad de la revelación de Dios y el evangelio de la gracia salvadora de Dios por medio de Jesucristo, llamando a todas las personas al arrepentimiento, a la fe, al bautismo y al discipulado obediente.
  • Dios nos ordena reflejar su propio carácter por medio del cuidado compasivo de los necesitados, y demostrar los valores y el poder del reino de Dios en la lucha por la justicia y la paz, y en el cuidado de la creación de Dios.

En respuesta al amor infinito de Dios por nosotros en Cristo, y como resultado de nuestro amor desbordante por él, volvemos a dedicarnos, con la ayuda del Espíritu Santo, a obedecer plenamente todo lo que Dios ordena, con humildad abnegada, gozo y valentía. Renovamos este pacto con el Señor, el Señor que amamos porque él nos amó primero.

Footnotes

  1. Efesios 1:9-10; Colosenses 1:20; Génesis 1-12; Apocalipsis 21–22 ↩

  2. El Pacto de Lausana, párrafos 4 y 5 ↩

  3. La Declaración Miqueas sobre la Misión Integral ↩