
I. Los sacramentos son señales y sellos santos del pacto de gracia, 1 instituidos directamente por Dios, 2 para representar a Cristo y a sus beneficios y para confirmar nuestra participación en él, 3 y también para establecer una distinción visible entre aquellos que pertenecen a la iglesia y el resto del mundo, 4 y para obligarlos solamente al servicio de Dios en Cristo, conforme a Su Palabra. 5
II. Hay en cada sacramento una relación espiritual o unión sacramental entre la señal y la cosa significada; de donde llega a suceder que los hombres y efectos del uno se atribuyen al otro. 6
III. La gracia que se manifiesta en los sacramentos o por ellos, mediante su uso correcto no se confiere por algún poder que hay en ellos; ni depende la eficacia de un sacramento de la piedad o intención del que lo administra, 7 sino de la obra del Espíritu, 8 y de la palabra de la institución; la cual contiene junto con un precepto que autoriza el uso del sacramento, una promesa de bendición para los que lo reciben dignamente. 9
IV. Sólo hay dos sacramentos instituidos por Cristo Nuestro Señor en el Evangelio; y son el Bautismo y la Cena del Señor; ninguno de los cuales debe ser administrado sino por un ministro de la palabra legalmente ordenado. 10
V. Los sacramentos del Antiguo Testamento, en cuanto a las cosas espirituales significadas y manifestadas por ellos, eran en sustancia los mismos del Nuevo. 11
Footnotes
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Romanos 4:11; Génesis 17:7,10 ↩
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Mateo 28:19; 1 Corintios 11:23 ↩
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1 Corintios 10:16; 11:25,26; Gálatas 3:27 ↩
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Romanos 15:8; Éxodo 12:48; Génesis 34:14 ↩
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Romanos 6:3,4; 1 Corintios 10:16,21 ↩
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Génesis 17:10; Mateo 26:27,28; Tito 3:5 ↩
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Romanos 2:28,29; 1 Pedro 3:21 ↩
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Mateo 3:11; 1 Corintios 12:13 ↩
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Mateo 26:27,28; 28:19,20 ↩
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Mateo 28:19; 1 Corintios 11:20,23; 4:1; Hebreos 5:4 ↩
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1 Corintios 10:1-4 ↩